Y entonces me llevó a su habitación, daba igual la situación, cerró la puerta de golpe y me apretó fuerte hacia él. Notaba como la respiración aumentaba por segundos, y los besos suaves de antes desaparecieron. Me dejó caer en su cama y me empezó a besar, el llevaba el mando, yo me dejaba llevar, y así nos mezclamos haciendo de dos personas una, dejando a un lado todo, nos concentramos en el “tú y yo”, lo único que importaba era ese momento, tocar las nubes en un solo suspiro, llegar a lo más desconocido del placer, fundirnos y enredarnos entre la pasión y las sabanas…

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