Rompe las cartas entre sollozos de desolación. Todas las esperanzas evidentes del pasado se han esfumado como el humo de un cigarro en pleno vendaval. Las lagrimas que caían a modo de lluvia, aumentaban dando al segundero una función de descanso. Ya nada importa, ni siquiera el tiempo. Se tumba en la cama y acaricia las sabanas que un día fueron llenas de caricias y deseos. Todo ha acabado y ya nada podrá ser como antes. La soledad se apodera de sus ojos que miran hacia el pasado continuamente. Los besos quedaron encerrados en una caja helada que se fue derritiendo con el tiempo hasta no dejar rastro, y las caricias quedaron fundidas junto a la cera de las velas. Cada huella quedó tatuada en aquellos lugares donde encontraba su sitio, entre los poros de su piel, donde paraba a descansar. Piensa que la vida sin él será solo un laberinto sin salida, que apenas tendrá sentido. Escucha canciones del pasado que ahora la producen punzadas en lo más profundo de su ser. La melodía pasa por sus oídos como cuchillos afilados, dejando nota a nota y sufrimiento cruel. Sus ojos esclavos de las lágrimas toman el color de su antiguo corazón rojo; y el corazón ha tomado el color gris de las cenizas que ahora es. Lo que antes fue y ahora no es, lo que antes fue y después no será. Inspira y respira cada vez mas fuerte ahogada entre la sal producida por sus lágrimas, lágrimas que han creado un mar de dudas, y en este mar se encuentra ella ante la nada, sola. En la distancia, sus ojos borrosos observan algo. Marca sus pasos lentos y seguros hacia ello, era un reloj que la abría las puertas. Se para ante él y con desgana se introduce dentro. El tic-tac del reloj retumba en su cabeza dejándola más perdida de lo que esta. Se encuentra rodeada de tuercas y mecanismos oxidados por el tiempo. Se sentó en el suelo apoyada en una clavija; todo la venia grande y el reloj era inmenso. Su mirada que apuntaba al suelo fue levantándose tras ver que apenas quedaba luz en la sala. La puerta espléndida por la que había entrado se encontraba cerrada; estaba atrapada dentro del reloj, de ese castigo. Atrapada en el tiempo, sentada en el minutero se dedica a recordar sus penas, esperando únicamente una respuesta. Un tiempo que jamás se supo.

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