Me cansé de
contar batallas en las que el ganador siempre es el mismo. Recalcar el dolor hurgando
en mi cabeza es solo otro gran síntoma de mi gran odio propio. Se me olvidó una
vez más que las palabras se las lleva el viento y que por cada una de ellas,
una ilusión desciende. Hoy pienso callar, por él y por mí, porque todo el mundo
tendrá sus razones, porque a nadie le gusta ser juzgado. Lo que siento quedará
en los rincones más suburbios de mi corazón, esperando a que algún día cambie
mi opinión, esperando que algún día vuelvas junto a mí…

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